ESTUDIO EN ESCARLATA
Por Ángel Valdez
Sánchez
Para
los aficionados a los textos de investigación científica o de casos criminales,
leer sobre Sherlock Holmes, resulta por demás fascinante. La lectura “Estudio
en Escarlata” ofrece a sus lectores un perfil sobre su personaje principal y su
fiel acompañante el Dr. Watson, su encuentro por demás casual, parece ser más
bien, un complemento.
De
los pasos seguidos por Sherlock, se debe identificar una preparación
profesional que se dio, más que como una posible profesión, como una materia
necesaria para lograr algo nuevo, de lo que él mismo describe como una
profesión propia y suya de Detective-Consultor.
Es
claro que la de detective, era una ocupación de su tiempo, pero convertir esa
ocupación, (que muy seguramente era llevada a cabo por cuerpos policiales, que
no contaban con ningún tipo de preparación científica, a no decir de la
práctica laboral y ardua de todos los días), era algo novedoso.
De
igual manera, puede decirse, que este personaje se describe asimismo, como un
hombre aficionado a la observación y a la deducción, tal y como lo hace ver en
su artículo “El Libro de la Vida”, donde sugiere que un hombre observador podía
aprender a través de un “examen justo y sistemático”, se trata de escudriñar
los más íntimos pensamientos de un hombre, a través de sus expresiones, la
forma de mover sus ojos, la contracción de los músculos de su cuerpo, lo que le
permitiría que nada lo engañase, desarrollándose en el individuo una especie de
intuición.
El
jardín de Lauriston, se convierte en la escena del crimen, donde las
habilidades de Sherlock, pone en práctica sus propios métodos, logrados a
través de una mentalidad científica, donde lo ordinario, lo que parece no
relevante, es en realidad la guía cronológica de cómo se han desarrollado los
hechos, solo hay que aplicar a la vida corriente algunas de las normas de
observación y deducción.
Al
efecto, nuestro detective-consultor, inicia su indagatoria a través de un
procedimiento que no lo parece, que llega a despistar a su acompañante, y a
través de la observación simple, pone atención a todos los detalles de la
escena, desde la calle de Brixton, su paso por el sendero sin despegar los ojos
del suelo, prestando atención a cada detalle, las huellas, el suelo húmedo.
La
percepción es la primera herramienta que utiliza el detective, como si se
tratase de una pinza o una cuña, es la primera, un sentido clave por el cual se
inicia la etapa de compilación de elementos. Una pregunta obligada antes de
entrar hacia el interior de la casa, donde se halla el cuerpo inerte, es para
conocer si se ha movido algo de la escena del crimen, a lo que responde el
guardia, que no se ha movido nada.
La
entrada a la casa, se realiza de forma cauta y sigilosa. Y desde la apertura,
se aprecia una casa abandonada. Polvorienta y quizás húmeda, y la observación
alcanza a visualizar los pasillos y las conexiones hacia sus interiores; hacia
el centro de lo que parece ser el comedor, se aprecia el cuerpo de la víctima,
del cual su apariencia es rígida, con un gesto de enojo, y su vestimenta es de
un caballero bien posicionado, y del cual se aprecia evidencias de sangre, pero
el cuerpo como sus ropas, no muestras signos de heridas; tenía los puños
cerrados y los brazos abiertos,
El
examen físico del cadáver, lo realiza nuestro detective, de forma directa, se
arrodilla y olfatea a la víctima, detectando a la altura de su boca, un olor
especial. De igual manera se percata que la sangre es de otro individuo y no de
la víctima, pero surgen interrogantes de duda, pues no se aprecian armas o
evidencias de forcejeo entre el agresor y la víctima.
Al
momento de levantarse el cadáver, se escucha el caer de un anillo de mujer, lo
cual se convierte en una pista adicional, ¿fue una mujer la agresora? ¿de quién
es el anillo? Por su parte, los objetos de valor de la víctima, se caracterizan
por tener gran valor, ya que consisten en varios accesorios de oro, y objetos
de confección europea, así como algunas monedas siete libras y trece chelines;
así como documentos de un próximo viaje o salida del país de regreso a Nueva
York.
El
hallazgo por parte del oficial Gregson, relacionado a la inscripción con sangre
en la pared, de la palabra Rache, que supuso correspondía al nombre femenino
Rachel. Al cuestionarse a Sherlock, sobre su opinión, éste comenta que el
asesino lo inscribió con su propia sangre, obligando a dejar la idea del
suicidio; al iniciar la inspección, toma una cinta de medir y comienza su
recorrido en aquél lugar, sin hacer ruido, deteniéndose y arrodillándose eventualmente,
hasta tirarse a ras de suelo por espacio de veinte minutos, midiendo distancias
entre señales, prácticamente invisibles, inspeccionando un polvo del suelo de
color gris, y observando con su lente las inscripciones con sangre.
La
conclusión de Sherlock, fue que se trata de un asesinato, que el asesino es un
hombre de seis pies de altura, joven, de pies pequeños para lo alto que es,
calza botas toscas de puntera cuadrada y fumaba un cigarrillo de Trichinopoly,
el cual llegó a ese lugar con su víctima, en un coche de cuatro ruedas, tirado
de un calzado con tres herraduras viejas y una nueva en su pata derecha
delantera; con posibilidades de que el asesino fuera de cara rubicunda con
notables uñas largas de los dedos de su mano derecha.
Al
ser cuestionado por los detectives de Scotland Yard, sobre la causa de
muerte de la víctima, éste informa que se trata de envenenamiento, y adicionó Sherlock,
que la palabra Rache, no es de fémina sino de una palabra de origen alemán que
significa “castigo”.
Contrario
a Sherlock, los detectives de Scotland Yard, reunieron otros elementos en su
búsqueda, lo cual en un segundo momento los lleva a concluir que el homicida es
el secretario de la víctima, quien es el gran ausente en toda esta trama, para
lo cual uno de los detectives, emprende la búsqueda, mientras que el otro
indaga en el hotel donde se hospedaban los americanos, y al llegar al lugar se
percata del nerviosismo de la administradora, misma que recibe al detective y al
ser cuestionada por él se le muestra tartamudeante, y es la razón por la cual
la hija de ésta le sugiere decir la verdad, que confesara que su hijo había tenido
un encuentro con la víctima, por la misma razón y ante los sucesos de la muerte
de la misma, era evidente que su hermano podía estar involucrado directamente,
dado el carácter explosivo del mismo y su preparación en la marina.
Al
detenerse al hijo de la dueña del hotel, éste respondió si era por la muerte de
la víctima, sin que se le cuestionara directamente si éste era autor de su
muerte, simplemente se le arrestó. Al regreso del otro detective, que fue en
busca del secretario de la víctima, fue fulminante en su reporte, al señalar la
muerte del secretario, con una inscripción con sangre de la palabra Rache; este
suceso echó abajo la tesis del homicida por parte del hijo de la dueña del
hotel, y otra vez regresó el misterio.
Finalmente,
se comprobó la tesis de Sherlock, quien apoyado por unos vagabundos logra dar
con el asesino de la víctima.
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