domingo, 6 de agosto de 2017

ESTUDIO EN ESCARLATA

ESTUDIO EN ESCARLATA
Por Ángel Valdez Sánchez

Para los aficionados a los textos de investigación científica o de casos criminales, leer sobre Sherlock Holmes, resulta por demás fascinante. La lectura “Estudio en Escarlata” ofrece a sus lectores un perfil sobre su personaje principal y su fiel acompañante el Dr. Watson, su encuentro por demás casual, parece ser más bien, un complemento.

De los pasos seguidos por Sherlock, se debe identificar una preparación profesional que se dio, más que como una posible profesión, como una materia necesaria para lograr algo nuevo, de lo que él mismo describe como una profesión propia y suya de Detective-Consultor.

Es claro que la de detective, era una ocupación de su tiempo, pero convertir esa ocupación, (que muy seguramente era llevada a cabo por cuerpos policiales, que no contaban con ningún tipo de preparación científica, a no decir de la práctica laboral y ardua de todos los días), era algo novedoso.

De igual manera, puede decirse, que este personaje se describe asimismo, como un hombre aficionado a la observación y a la deducción, tal y como lo hace ver en su artículo “El Libro de la Vida”, donde sugiere que un hombre observador podía aprender a través de un “examen justo y sistemático”, se trata de escudriñar los más íntimos pensamientos de un hombre, a través de sus expresiones, la forma de mover sus ojos, la contracción de los músculos de su cuerpo, lo que le permitiría que nada lo engañase, desarrollándose en el individuo una especie de intuición.

El jardín de Lauriston, se convierte en la escena del crimen, donde las habilidades de Sherlock, pone en práctica sus propios métodos, logrados a través de una mentalidad científica, donde lo ordinario, lo que parece no relevante, es en realidad la guía cronológica de cómo se han desarrollado los hechos, solo hay que aplicar a la vida corriente algunas de las normas de observación y deducción.

Al efecto, nuestro detective-consultor, inicia su indagatoria a través de un procedimiento que no lo parece, que llega a despistar a su acompañante, y a través de la observación simple, pone atención a todos los detalles de la escena, desde la calle de Brixton, su paso por el sendero sin despegar los ojos del suelo, prestando atención a cada detalle, las huellas, el suelo húmedo.

La percepción es la primera herramienta que utiliza el detective, como si se tratase de una pinza o una cuña, es la primera, un sentido clave por el cual se inicia la etapa de compilación de elementos. Una pregunta obligada antes de entrar hacia el interior de la casa, donde se halla el cuerpo inerte, es para conocer si se ha movido algo de la escena del crimen, a lo que responde el guardia, que no se ha movido nada.

La entrada a la casa, se realiza de forma cauta y sigilosa. Y desde la apertura, se aprecia una casa abandonada. Polvorienta y quizás húmeda, y la observación alcanza a visualizar los pasillos y las conexiones hacia sus interiores; hacia el centro de lo que parece ser el comedor, se aprecia el cuerpo de la víctima, del cual su apariencia es rígida, con un gesto de enojo, y su vestimenta es de un caballero bien posicionado, y del cual se aprecia evidencias de sangre, pero el cuerpo como sus ropas, no muestras signos de heridas; tenía los puños cerrados y los brazos abiertos,

El examen físico del cadáver, lo realiza nuestro detective, de forma directa, se arrodilla y olfatea a la víctima, detectando a la altura de su boca, un olor especial. De igual manera se percata que la sangre es de otro individuo y no de la víctima, pero surgen interrogantes de duda, pues no se aprecian armas o evidencias de forcejeo entre el agresor y la víctima.

Al momento de levantarse el cadáver, se escucha el caer de un anillo de mujer, lo cual se convierte en una pista adicional, ¿fue una mujer la agresora? ¿de quién es el anillo? Por su parte, los objetos de valor de la víctima, se caracterizan por tener gran valor, ya que consisten en varios accesorios de oro, y objetos de confección europea, así como algunas monedas siete libras y trece chelines; así como documentos de un próximo viaje o salida del país de regreso a Nueva York.

El hallazgo por parte del oficial Gregson, relacionado a la inscripción con sangre en la pared, de la palabra Rache, que supuso correspondía al nombre femenino Rachel. Al cuestionarse a Sherlock, sobre su opinión, éste comenta que el asesino lo inscribió con su propia sangre, obligando a dejar la idea del suicidio; al iniciar la inspección, toma una cinta de medir y comienza su recorrido en aquél lugar, sin hacer ruido, deteniéndose y arrodillándose eventualmente, hasta tirarse a ras de suelo por espacio de veinte minutos, midiendo distancias entre señales, prácticamente invisibles, inspeccionando un polvo del suelo de color gris, y observando con su lente las inscripciones con sangre.

La conclusión de Sherlock, fue que se trata de un asesinato, que el asesino es un hombre de seis pies de altura, joven, de pies pequeños para lo alto que es, calza botas toscas de puntera cuadrada y fumaba un cigarrillo de Trichinopoly, el cual llegó a ese lugar con su víctima, en un coche de cuatro ruedas, tirado de un calzado con tres herraduras viejas y una nueva en su pata derecha delantera; con posibilidades de que el asesino fuera de cara rubicunda con notables uñas largas de los dedos de su mano derecha.

Al ser cuestionado por los detectives de Scotland Yard, sobre la causa de muerte de la víctima, éste informa que se trata de envenenamiento, y adicionó Sherlock, que la palabra Rache, no es de fémina sino de una palabra de origen alemán que significa “castigo”.

Contrario a Sherlock, los detectives de Scotland Yard, reunieron otros elementos en su búsqueda, lo cual en un segundo momento los lleva a concluir que el homicida es el secretario de la víctima, quien es el gran ausente en toda esta trama, para lo cual uno de los detectives, emprende la búsqueda, mientras que el otro indaga en el hotel donde se hospedaban los americanos, y al llegar al lugar se percata del nerviosismo de la administradora, misma que recibe al detective y al ser cuestionada por él se le muestra tartamudeante, y es la razón por la cual la hija de ésta le sugiere decir la verdad, que confesara que su hijo había tenido un encuentro con la víctima, por la misma razón y ante los sucesos de la muerte de la misma, era evidente que su hermano podía estar involucrado directamente, dado el carácter explosivo del mismo y su preparación en la marina.

Al detenerse al hijo de la dueña del hotel, éste respondió si era por la muerte de la víctima, sin que se le cuestionara directamente si éste era autor de su muerte, simplemente se le arrestó. Al regreso del otro detective, que fue en busca del secretario de la víctima, fue fulminante en su reporte, al señalar la muerte del secretario, con una inscripción con sangre de la palabra Rache; este suceso echó abajo la tesis del homicida por parte del hijo de la dueña del hotel, y otra vez regresó el misterio.


Finalmente, se comprobó la tesis de Sherlock, quien apoyado por unos vagabundos logra dar con el asesino de la víctima.

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